Crisis económica y solidaridad

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La crisis económica ha sido al fin reconocida como tal y empieza a dejar sentir sus efectos en todos los lugares. Esto tiene de magnífico la globalización: Cuando hay beneficios, estos afectan a unos pocos; cuando hay pérdidas, éstas afectan a todos.

La situación en España es cuando menos contradictoria. Si hojeamos los periódicos, hallamos en un mismo diario dos titulares bien diferenciados: El Banco X prevé ganar este año 10.000 millones pese a la crisis, frente a España tiene los mismos pobres tras una década de expansión económica.

¿Qué significan estos dos titulares? Si un banco prevé ganar diez mil millones de euros, cómo es posible que se den al tiempo nueve millones de personas en este país que vivan en la pobreza. Es evidente que se trata de una pobreza relativa, pues según los datos del informe sobre la pobreza, estamos hablando de personas que viven con menos de seis mil euros al año. Lo que el informe  FOESSA destaca es el hecho de que a pesar de la bonanza económica de los últimos diez años, el número de pobres no sólo no ha menguado, sino que se ha mantenido. La pregunta es ¿si las previsiones de un Banco, a pesar de las crisis son ganar 10.000 millones, cuál es la expectativa de esos nueve millones de personas?

Vivir con seis mil euros al año, supone disponer aproximadamente de 16,50 euros al día. Si en el mundo hay millones de personas que viven con 1€ al día, ¿cuáles serán las expectativas de esas personas? Es una regla de tres muy simple que se podría poner en las escuelas como ejercicio.

España es un país de clases medias, como ocurre en casi todo el mundo desarrollado. Es decir que hay unos treinta millones de personas en este país que no están en las condiciones de pobreza descritas y cuyas expectativas, aunque no sean magníficas, les permiten vivir con cierto desahogo y no angustiarse por la crisis económica.
Pongamos que sólo 15 o 10 millones de esa clase media, pertenecen a lo que se denominaba ‘clase media acomodada’. Es decir, aquella que tiene un sueldo que no está en riesgo, que tiene pagados su casa y su coche, que no tiene hipotecas y que, incluso, posee una segunda residencia totalmente libre de cargas.

Quizá a lo único que les aboca la crisis económica es a renunciar a caprichos, a plantearse cuántos pares de zapatos se pueden poner al mismo tiempo, a examinar si las vacaciones no son vacaciones si no se hace un crucero o si no se lleva a los niños a Disney World, si se puede vivir sin salir una vez por semana a cenar fuera de casa, si no será mejor usar el transporte público o caminar en pequeños desplazamientos.

Cuántos de estos miembros de la clase media han renunciado a la cervecita, a los centros de estética, a ir al cine o al teatro, a pasearse por los centros comerciales o se han planteado medidas de ahorro.
Sin embargo, cuando se solicita el apoyo a una causa solidaria la respuesta es: Ahora, con la crisis económica…

Los bancos, cuando se les pide que aporten alguna de esas cantidades que suelen tener para ‘obra social’, también responden con cierta frecuencia que: Ahora, con la crisis económica…

¿No será que la crisis económica es una excusa estupenda para mirar a otro lado y olvidarse de la solidaridad?

 

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